El barrio más peligroso del país

La policía acaba de irse de casa.                                                                               Aprovecho para contarlo.                                                                                                Va de investigación. Pero no policial.

Vivo en una zona residencial muy tranquila. Sin comercios. Sin sitios de ocio. Hay zonas de paseo y parques. Vacíos todos.

Ciudad dormitorio de libro.

En mi calle hay un centro de menores y la poli viene a menudo a traer o recoger nuevos inquilinos. A veces se equivocan y llaman a nuestra puerta. En ocasiones se lía un poco. Algún ataque de hormonas adolescentes. Nada más.

Todo en orden.

Esto es Disneyland comparado con la zona en la que vivía hace unos años. 

Un barrio a las afueras de Granada. Polígono Almanjayar. 

Wikipedia dice que actualmente es considerada por expertos la zona más peligrosa de España.

No lo sé. No soy experto en barrios chungos. No he vivido en otros para comparar. Había que tener ciertas precauciones. Poco más. En los dos años y medio que estuve allí no tuve ningún incidente.

Eso sí. Pasaban cosas. A todas horas pasaban cosas.

Trapicheo variado. Registros policiales, antidisturbios, agentes de paisano. 

Quema de contenedores, de vehículos, de pisos, plantaciones de hierba dentro de los pisos, animales de carga que asomaban su cabeza por la ventana de los pisos…

Auténtico entretenimiento de la era pre-Netflix.

En esos años pude descubrir una especie de pandilla de preadolescentes que paseaban en bicicleta en busca de emociones.

Cuando caía el sol se iban a charlar con las prostitutas de la zona. Las chicas se hacían fácilmente con ellos o los ignoraban durante rato para que no les molestaran demasiado.

Yo les llamaba “Los Prostitufos”.

Eran una media docena. Sin líder. Sin rumbo. Sin nada que perder. 

Doy fe de que imponían más que las pandillas de adultos.

Por aquel entonces yo era una buena persona. Quería influir positivamente en ellos y lograr su atención para poder ayudarlos.

No lo conseguía. Obviamente. Pasaban de mí. A veces ni siquiera reparaban en mi presencia.

Poco antes de mudarme de ciudad estaba en un atasco muy cerca de casa. Aquello parecía no avanzar. Dejé el coche a un lado y bajé.

Los vi. Me acerque a ellos y comencé a hablarles. Después de unos minutos estábamos riéndonos todos.

Me había hecho con ellos. `

Había conquistado a Los Prostitufos.

¿Era un experto en comunicación persuasiva? ¿Influencer offline barriobajero?

 Para nada. Es más sencillo que eso…

Los había observado cada día. Durante meses. Movimientos, rutinas, modos de comportarse…tenía suficiente información como para ofrecerles ese algo que buscaban.

Había hecho mi propia investigación.

Todo el mundo busca algo. Los clientes. Los compradores del cliente. ¿El arma más efectiva para conquistarlos? Saber de ellos. Estudiarlos. Entenderlos. Creer incluso en ellos…

Si quieres vender algo a alguien o eres copywriter y escribes para vender algo de alguien, entonces…investiga.

Analiza. Observa. Y luego ya escribe…

Una buena investigación es garantía de convicción, aunque tu cliente sea un preadolescente chungo chungo.

No falla. Es copywriting.

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